Juegos olímpicos y trabajo de chinos
Felipe A. Castillo Farías, desde Oviedo, España
Todas las veces que hay unos Juegos Olímpicos, nos sorprendemos por el despliegue de tecnología y de medios que se emplean en sorprender al mundo con lo de cada país. Esta vez, en China, lo más sorprendente a mi modo, fue la manera de graficar el hecho de ser el país más poblado del planeta. Se notó desde un comienzo, en la ceremonia inaugural, con una cancha de fútbol repleta de chinos bailando, haciendo coreografías, actuando.
Es usual que en su barrio, como aquí en España, haya algún local de chinos. Aquí en Oviedo, hay en todos lados. Todos tienen la particularidad de tenerlo todo, desde un alfiler hasta un juego de parlantes. Y de estar abiertos todo el día, todos los días. Y de que sus integrantes, quienes venden en estos locales, no hagan mucho más que trabajar. Es verdad eso de “trabajar como chino”, expresión que habitualmente utilizamos para referirnos a quien no hace más que laborar y laborar.
Está muy bien ser un tipo muy trabajador. Los chinos son admirables en ese sentido. Pero también hay que dejar momentos en el día para disfrutar la gracia de vivir, de tener una familia, de gozar con la compañía de la gente, y de poder hacerlo de una manera totalmente gratuita. ¡Qué gran cosa es estar vivo!
Cuantas veces nos arrepentimos por no haber usado el tiempo del que disponemos en no haber estado más con quienes tenemos al lado, o de no haber decido algo importante en el momento de debíamos, no haber dicho te quiero, dado un beso, haberse reconciliado a tiempo, haber perdonado de corazón. Y muchas veces, es por estar destinando el tiempo en cosas que están de más.
No es que trabajar esté de más. Pero hay que reconocer que muchas veces, utilizamos tiempo que deberíamos destinar a la familia o a otras cosas tan importantes, en llevar el sustento a nuestras casas y en obsesionarse con la idea de que si no tenemos eso que queremos, no seremos felices.
Muchas de las razones por las que trabajamos de más, están basadas en motivos económicos. Es entendible que a quien le falta el dinero para subsistir de una manera aceptable trabaje más, sin embargo, ¡cuántas personas trabajan más sólo para tener más!, y dejan de lado cuestiones tan importantes como la vida social y la convivencia familiar. La felicidad va en eso también. En ver crecer a los hijos, en disfrutar del contacto con nuestras mujeres, amigos, y parientes. En tener momentos para estar cerca de Dios.
Chinos de mi barrio: Los quiero. Yo, y creo que también todos los que vivimos aquí. La pasamos bien comprando en sus locales. Y nos encanta que tengan de todo. Pero consejo: Cierren los domingos. Y ocupen todo ese dinero que ganan en salir, conocer, aprender mejor español, y disfrutar de la vida. ¡Zài jiàn!
Felipe A. Castillo Farías, desde Oviedo, España
Todas las veces que hay unos Juegos Olímpicos, nos sorprendemos por el despliegue de tecnología y de medios que se emplean en sorprender al mundo con lo de cada país. Esta vez, en China, lo más sorprendente a mi modo, fue la manera de graficar el hecho de ser el país más poblado del planeta. Se notó desde un comienzo, en la ceremonia inaugural, con una cancha de fútbol repleta de chinos bailando, haciendo coreografías, actuando.
Es usual que en su barrio, como aquí en España, haya algún local de chinos. Aquí en Oviedo, hay en todos lados. Todos tienen la particularidad de tenerlo todo, desde un alfiler hasta un juego de parlantes. Y de estar abiertos todo el día, todos los días. Y de que sus integrantes, quienes venden en estos locales, no hagan mucho más que trabajar. Es verdad eso de “trabajar como chino”, expresión que habitualmente utilizamos para referirnos a quien no hace más que laborar y laborar.
Está muy bien ser un tipo muy trabajador. Los chinos son admirables en ese sentido. Pero también hay que dejar momentos en el día para disfrutar la gracia de vivir, de tener una familia, de gozar con la compañía de la gente, y de poder hacerlo de una manera totalmente gratuita. ¡Qué gran cosa es estar vivo!
Cuantas veces nos arrepentimos por no haber usado el tiempo del que disponemos en no haber estado más con quienes tenemos al lado, o de no haber decido algo importante en el momento de debíamos, no haber dicho te quiero, dado un beso, haberse reconciliado a tiempo, haber perdonado de corazón. Y muchas veces, es por estar destinando el tiempo en cosas que están de más.
No es que trabajar esté de más. Pero hay que reconocer que muchas veces, utilizamos tiempo que deberíamos destinar a la familia o a otras cosas tan importantes, en llevar el sustento a nuestras casas y en obsesionarse con la idea de que si no tenemos eso que queremos, no seremos felices.
Muchas de las razones por las que trabajamos de más, están basadas en motivos económicos. Es entendible que a quien le falta el dinero para subsistir de una manera aceptable trabaje más, sin embargo, ¡cuántas personas trabajan más sólo para tener más!, y dejan de lado cuestiones tan importantes como la vida social y la convivencia familiar. La felicidad va en eso también. En ver crecer a los hijos, en disfrutar del contacto con nuestras mujeres, amigos, y parientes. En tener momentos para estar cerca de Dios.
Chinos de mi barrio: Los quiero. Yo, y creo que también todos los que vivimos aquí. La pasamos bien comprando en sus locales. Y nos encanta que tengan de todo. Pero consejo: Cierren los domingos. Y ocupen todo ese dinero que ganan en salir, conocer, aprender mejor español, y disfrutar de la vida. ¡Zài jiàn!

1 comentario:
Para mi son san sabado y san domingo..
aca en viña se da mucho el tiempo para salir con la familia, a trotar, a pasear, salir y pasarlo bien. Es el complemento necesario y perfecto del trabajo semanal. Saludos!!
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