sábado, 2 de agosto de 2008

España la rica
Felipe A. Castillo Farías, desde Oviedo, España

Unos días atrás, un amigo español me decía lo difícil que fue la guerra en España, y como se nota en quienes vivieron esas épocas un dejo de reciedumbre y fortaleza.

No todo lo que quedó después de la guerra fue malo. Está bien, las guerras son siempre malas, pero independiente de ello, siempre se pueden sacar lecciones de vida.

Me decía que cuando era pequeño, era habitual que se paseara por la sala de su casa en donde se reunían sus padres y tíos después de comer. Sabía que era un momento adecuado para pedir alguna cosilla dulce para entretener el estómago, y llegaba diciendo “tengo hambre”. Sus padres y tíos se reían, él pensaba que era porque lo encontraban pillo y manipulador, pero luego de algún tiempo, le contaron que era en realidad porque él no sabía lo que era pasar hambre. La cocinera de su casa le graficó como era esa situación. “Lo que tú tienes es apetito”, le decía. Hambre, es tener apetito, pero saber que a la hora del almuerzo, no vas a comer. Y luego a la hora de la cena, tampoco. Y así pasar muchos días con la incertidumbre de no saber cuándo vas a poder entretener el estómago con algo.

Debe de haber sido algo terrible lo de la guerra, sin duda. Pero hizo que quienes vivieron esa época, aprendieran a vivir del rigor. Aprendieron a cuidar lo poco que tenían, a valorar cada día como el último, y a educar a los suyos en esa línea. Los hijos de los de la postguerra, a pesar de no vivir en la dureza de sus padres, heredaron esa sensación de no tener todo en la vida regalado. Pero esa virtud, se ha ido perdiendo.

España es hoy un país lejano a esos días de dificultades. Abierto al mundo, desarrollado, casi sin pobreza, y menos con gente que pase hambre, se les ha olvidado el pasado de tirantez. Y los hijos de los hijos de la posguerra, han sido criados y han crecido en la bonanza.

Mi amigo trabaja en un colegio, en el que más que educar a los niños en valores, intentan educarlos en virtudes. Claro, es habitual que a los chicos los intenten educar en valores, pero sin duda eso queda corto. Aprenden qué es lo bueno, sin embargo, lo ven como algo inalcanzable. Y no es raro ver que luego de hacer una gran disertación acerca de la templanza, se vayan a quemar un container.

Hay que hacer que esos valores “impracticables”, se vuelvan una realidad en quienes los predican. Y que quien aprende que el desprendimiento es bueno, sea un tío desprendido. Que quien cree en la virtud de la pureza, sea un tipo de mente y cuerpo coherentes. Y que haya lucha para conseguir esa meta valórica muchas veces lejana y aparentemente inoperable.

Me decía mi amigo, cuán difícil es educar a los hijos de la abundancia. En el colegio, a los niños no se les deja hablar por móvil mientras estén dentro. Y si los sorprenden con una de estas conductas, el inspector les requisa el celular. Había uno que tenía la “desgracia” de vivir en una abundancia que lo apartaba de toda realidad. Y con este caso de los celulares, era un tipo suuuuper relajado. Usaba el móvil en las salas, se lo requisaban… y para él no era ningún problema, porque al llegar a casa, su madre abnegada le preguntaba qué le había sucedido a su móvil, a lo que el chaval le respondía con un “se me perdió”, bastando eso para que le compraran otro.

Como veis, la bonanza da para todo, y este niño tuvo la desgracia de ser uno de esos destemplados, duros de educar en virtudes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy bueno tu artículo! gracias!