martes, 22 de mayo de 2007

El Legado de Prat

Columna Publicada el 26 de Mayo del 2007.

Pocos conocerán a fondo al personaje que sirvió de motivo para que los chilenos y chilenas escucháramos en un día festivo las palabras de nuestra presidenta.

Arturo Prat – el mismo – además de ser famoso por su frase “al abordaje”, tenía una serie otras facetas, muy interesantes de conocer. Era un tipo reservado, preocupado por las circunstancias políticas del país. Muy de familia, siempre trató de llevar las cuentas de su hogar de la mejor manera, así como también de estar con los suyos el poco tiempo con el que contaba entre campaña marítima y trámites de la Armada.

Era un hombre con un gran sentido de responsabilidad social. Fue profesor de la escuela “Franklin” de Valparaíso, donde enseñaba ramos de moral, astronomía y botánica a jóvenes trabajadores. Y por lo demás, era un gran amante de su patria. En la rada de Iquique demostró cuanto quería a su país al abordar el barco al que se enfrentaba en un intento de que su bandera no fuera arriada de una manera indigna. Y así pasó a la historia.

Podría contar mucho más de la biografía del héroe, pero esto se alargaría demasiado; además, ahora los héroes aparecen muy bien en televisión.

Prat tenía sentido de trascendencia. Era un tipo católico liberal según dicen, creyente. Y creía en el cielo, el juicio. No quería ser condenado por no hacer bien su trabajo: defender a su patria hasta la muerte si fuera necesario. Sentía en su fuero interno que no basta el aquí y el ahora, había algo más allá en donde todo lo hecho en la tierra cobraría sentido. No nos imaginamos a nadie realizando tamaña hazaña –muerte segura de por medio – sin un sentido de trascendencia sublime.

Y es así: El ser humano tiene en sí mismo un “no se qué”, que le indica a cada momento un destino sobrehumano. Estamos hechos para algo grande, que va más allá de nuestras conciencias limitadas, en las que la felicidad es totalmente plena y no existe espacio para el aburrimiento, la pena, el desencanto. Prat lo entendía así: tenía un gran sentido de responsabilidad. Sí, porque si no fuera así, no habría saltado al Huáscar. Era responsable de llevar la bandera de su patria al lugar más alto, aunque fuera a costa de su propia muerte.

Nos preguntamos: ¿De qué manera somos nosotros responsables de nuestro actuar?. Y los jóvenes, ¿en qué estamos?.

Prat nos da una gran lección. Era alguien totalmente comprometido con lo que hacía. Además estaba muy formado en su profesión, conciente de que tenía una gran responsabilidad de sacar adelante una empresa – la batalla, la guerra – y así hacer de su país un país ganador.
Los jóvenes, ¿tenemos continuamente esa chispita de responsabilidad?.

Tenemos que recordar que la responsabilidad de que este país crezca y se desarrolle es nuestra. El Papa en su viaje a Brasil, decía a los jóvenes en Pacaembú: “Podéis ser protagonistas de una sociedad nueva si os esforzáis por poner en práctica una conducta concreta inspirada en los valores morales universales, pero también un compromiso personal de formación humana … que es de vital importancia”. No cabe entonces la mediocridad, la flojera, el apocamiento. Estamos llamados a una gran misión, hacer que Chile, el mundo, la humanidad entera crezcan, se desarrollen y vivan en un entorno de fraternidad, justicia y amor. Para eso debemos formarnos, ir formando nuestras conciencias de buena manera para así ser protagonistas del futuro que es nuestro. Así lo esperan nuestros padres, así lo espera el mundo, así lo espera Dios.

Al fin y al cabo, Prat y su salto fueron ejemplo de patriotismo, de responsabilidad, “pachorra”, buen estado físico (por qué no) y muchas cosas más.

Grande Prat.

1 comentario:

Paula O'Reilly dijo...

Me parece que Prat representa el coraje que muchos quisieramos tener, es ese "punch" para saltar, para dar el paso...tanto que cuesta derrepente,...pero en fin, hay que ser un Prat en esta vida.
Oye...ACTUALIZA TU BLOOOOG!!!!

saludos
paula