Lo importante está en dar
Hace unos días veía con pavor en un noticiario matutino, los requerimientos que le hacía un niño de una población Santiaguina al “viejo pascuero”. Incluían una cámara digital y unos “audífonos bluetooth”, probablemente para su súper-celular que tiene funciones de radio y mp3 incorporadas.
Su Madre, seguramente una trabajadora abnegada, trabajaría día y noche con el objeto de no defraudarlo, ¡porque el viejito pascuero no puede quedar mal! Y quizás me la topé ayer haciendo algunas compras de navidad. Debe haber sido una de las tantas que copaban los centros comerciales, que se peleaban por la última oferta navideña y se angustiaban por no tener lo suficiente para hacer feliz a ese niño que de un tiempo hasta ahora, encuentra la felicidad en un aparato de último modelo y esos adminículos que le permitirán escuchar radio a distancia.
Angustia y pesares. Y todo en fechas como las de ahora, en las que celebramos, el nacimiento de quien para los cristianos, es con su vida, nuestro salvador.
Es bueno que nos detengamos a pensar como nació el hijo de Dios. Quiso nacer en un pesebre, rodeado de animales. Pobre, totalmente despojado de lo material. Y la verdad, es que podría haber elegido nacer rodeado de ángeles y trompetas que anunciaran su llegada. Pero quiso nacer pobre, y con esa pobreza le bastó.
¡Que gran lección de vida!
Luego vinieron unos sabios de oriente, que en su afán de agradar a este personaje, le trajeron una serie de regalos que nosotros emulamos en estas fechas. Son nada más que una manera en la que los sabios se “daban” en cierta manera a Jesús y su sagrada familia.
Y eso es lo que debiéramos intentar en estas fechas. Darnos. Entregar parte de nosotros a quienes queremos en primer lugar, y que importante es hacer un gesto con quienes aveces nos son indiferentes (si no, ¿qué mérito tiene?). Ahora, no tiene nada de malo prodigar regalos materiales, pero más importante aún es darnos nosotros mismos hoy para renovar este compromiso nuevamente en estas fechas, el año que viene.
Ojalá la señora de la historia no se frustre si no encuentra o no puede conseguir los regalos que su hijo le pedía al viejito. Que se de cuenta que no es lo más importante, y que comience con su hijo un camino que lo haga ver que lo principal en estas fechas es lo que uno pueda darse al otro y viceversa.

6 comentarios:
Sin duda hay cosas más importantes que lo material.
Pero he ahí la paradoja de todo este discurso dual que se aprecia con fuerza en éstas fechas.
¿Se cuestiona acaso a aquellos que hacen regalos sumanente caros a sus hijos en estas fechas, sin necesidad de grandes esfuerzos personales y monetarios, haciendo creer a sus pupilos que todo es fácil en la vida?
¿Se cuestiona a esos padres que enseñan que la mayor y única satisfacción está en aquellos bienes materiales a los que con facilidad acceden sus hijos, fomentando el egoísmo?
Por qué se cuestiona al menos pudiente, que víctima de la publicidad y el discurso del consumo, también quiere acceder a esos bienes.
¿Por qué se les perdona a unos su falta de espiritualidad y a otros se les condenda o juzga?
No es acaso más culpable aquel que teniendo sus necesidades cubiertas es menos espiritual, que aquel con carencias busca alguna satisfacción material.
Estimado Jorge:
No me gustaría hablar de culpabilidad, siendo para ambos casos más probable la condena.
El consumismo, es una lacra a la que están expuestos tanto quienes tienen bienes, como los que no. Pero es verdad que quienes tienen menos vida intelectual, están más expuestos a caer en el error de encontrar que la felicidad está en lo material, y eso se ve en pobres y pudientes. La publicidad es muy poderosa, y tanto tú como yo probablemente hayamos tomado más de una decisión en la vida influidos por esta.
Entiendo por tu comentario, que quienes son pudientes no son tan cuestionables como los que tienen menos dinero, en su actuar de comprar y comprar. Y que los pobres no debieran serlo, justamente por estar desvalidos y ser pobres.
Creo que nuestra misión, como católicos en mi caso, o como ciudadano responsable, es hacer saber a todos sin distinción, que la felicidad no está en el último juguete ni en tener cable por satélite.
Y el cuestionar a quienes así lo hacen, debe llevar de la mano la esperanza de que cambie y los medios para que así sea: en lo que hablamos y que es coherente con nuestro actuar, en como hacemos o intentamos hacer de lo que somos algo imitable en lo bueno.
Saludos Cordiales,
FC
Los pudientes son más cuestionables en cuanto a su espiritualidad que los pobres, porque teniendo más y aún sabiendo que existen otros con menos, ejercen el egoísmo y la avaricia de mayor forma.
A eso apunto.
Estimado Jorge:
Estoy de acuerdo. Son mucho más imputables que quienes tienen menos, si es que de verdad se han dado cuenta.
Acuérdate que no es necesario tener mucho dinero para ser egoísta o avaro, se puede ser igualmente egoísta o avaro teniendo menos. Es menos patente, eso sí. Porque un pobre y egoísta avaro se nota menos que un empresario avaro y egoísta.
Creo que es misión de nosotros el intentar hacer saber a todos de su error, sin distinción de clase o posición social, y ojalá hacérselo saber a quienes tienen más con mayor urgencia, por las consecuencias que eso tiene: más pobreza, más desigualdad social; pero no dejando de lado a quienes están en el error y tienen menos.
En resumen: Tratemos de hacer saber a los avaros y egoístas de todo tipo, que eso está mal.
Saludos Cordiales,
FC
Porque siempre se tiene que atribuir la falta de valores a las desigualdades sociales, si muchas veces el mas pobre ( economicamente) cuenta con mas valores que el ABC1. El punto se debe centrar, en la falta de sentido que le atribuimos a la navidad.
No es dificil darse cuenta que las principales tiendas yacen repletas de compradores y vendedores, donde los mayores buscan satisfacer las necesidades insatisfechas y los menores esperan que sus padres les den el presente como señal que es Navidad. Los regalos dados sin afecto ni sentimiento y con un poco disimulado interés, deben permitirnos entender que el Mundo requiere de todos para salir adelante. Que los niños del Chile y del mundo requieren que hayan navidades durante los 365 días del año.
PD: ¿Como se llamaba el festejado? ahhh Jesús, eso no se nos puede olvidar.
Yu
Muy bueno tu blog Felipe, realmente admirables tus posts! Te los agradezco!
Te pedí que me consiguieras una columna en el diario de Colchagua, porque, si me fuera a Chile, me gustaría vivir en Sta. Cruz!
Saludos!
Publicar un comentario