miércoles, 19 de septiembre de 2007

El Chile que queremos

Columna Publicada el Sábado 22 de Septiembre de 2007

El dieciocho de Septiembre marca un hito en el año de todo Colchagüino. Se podría decir que lo divide en dos: El antes y el después del dieciocho.

Más de alguna vez he escuchado a algún huaso frotarse las manos cuando recuerda la proximidad de estas fechas (alguno incluso cerca del año nuevo), imaginándose el asado que se va a comer y la chicha que se va tomar.

En este ambiente festivo, no es grato recordar las imágenes que vimos hace una semana atrás, en donde después de muchos años, un carabinero caía muerto en una población santiaguina después de haberla defendido de vándalos que intentaban saquear casas y negocios, que con tanto empeño sus mismos vecinos habían sacado adelante.

A tres años del bicentenario de nuestro país, es menester comenzar a preguntarnos como es el Chile que queremos para ese entonces.

El Cardenal Errázuriz en el Te Deum de este Martes, llamaba la atención acerca de las profundas faltas de convivencia en las que incurrimos los chilenos, después de más de 30 años de ocurridos hechos lamentables para algunos, felices para otros, y totalmente indiferentes para quienes le disparan a un carabinero que se defiende como puede ante ataques armados. Sí, porque quienes están en estos actos (casi siempre de menos de 30 años), nada tienen que decir acerca de lo que ocurrió ese entonces.

Llamaba la atención también, de cómo hemos llegado a “crear” sujetos como el que le dispara a alguien así sin más. Jóvenes como el inculpado que hemos visto en las noticias no son fruto de la nada, son fruto de políticas públicas que no permiten el cuidado considerado de la familia como núcleo fundamental de la sociedad, y de la despreocupación esperable de ésta por ese joven. No es su culpa nacer en un medio adverso: si no hay nadie que les sirva de guía, ¿qué pecado cometen?.

Para muchos como yo, la respuesta a todas estas interrogantes, de cómo hacer un Chile mejor, más justo, más humano, “mejor”, se encuentran en las palabras de Jesús. Y en la medida en que no logremos hacer que cada vez más personas las conozcan, los católicos hemos fracasado. Sin Dios el hombre se vuelve contra sí mismo, es cosa de revisar la historia. Lo decía un candidato presidencial hace un tiempo, que creía justamente que muchos de los problemas actuales de la sociedad se basan en que nos falta Dios. Y en la medida en que no lo reconozcamos –en libertad, como debe ser–, lejos estaremos de solucionar nuestros múltiples problemas de cara a esta fecha tan trascendental.

Me permito un último brindis dieciochero por la Patria que estoy seguro que todos queremos: libre, humana, próspera y unida, esperando con Fe que reconozcamos poco a poco esta verdad fundamental.

¡Cuánto queremos a Chile!.

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